sin embargo nada es más sencillo. Son los dos sexos que tienden a acercarse y que adoptan las cualidades del
Aquel día, la mirada de Cosette sacó a Marius de sí mismo, y la mirada de Marius hizo temblar a Cosette. Marius se fue confiado, y Cosette inquieta. A partir de aquel día, se adoraron.
Lo primero que sintió Cosette fue una melancolía confusa y profunda. Le parecía que su alma se había vuelto negra desde el día anterior. Ya no la reconocía.
La blancura del alma en las jóvenes, que se compone de frialdad y alegría, se parece a la nieve. Se derrumba en el amor, que es su sol.
Cosette no sabía qué era el amor. Jamás había oído pronunciar esa palabra en su sentido terrenal. En los libros de música profana que entraban en el convento, amour era reemplazado por tambour o pandour. Esto creaba enigmas que ejercitaban la imaginación de las «mayores», tales como: «¡Ah, qué delicioso es el tambor!» o «La piedad no es un pandur».
Pero Cosette había salido del convento demasiado joven para haberse preocupado mucho por el «tambor». Por tanto, no sabía qué nombre darle a lo que ahora sentía. ¿Acaso se está menos enfermo por no saber el nombre de la propia dolencia?
Amo con tanta más pasión cuanto que amaba con ignorancia. No sabía si aquello era bueno o malo, útil o peligroso, eterno o pasajero, lícito o prohibido; amaba. Se habría asombrado enormemente si alguien le hubiese dicho: > «¿No duermes? ¡Pero eso está prohibido! ¿No comes? ¡Vaya, eso es muy malo! ¿Sufres opresión y palpitaciones en el corazón? ¡Eso no debe ser! ¿Te sonrojas y