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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La Caribdis del arrabal San Antonio y la Escila

el más formidable de los combatientes. La guerra, la lucha, el conflicto eran el aire mismo que respiraba y lo ponía de buen humor. Había sido oficial de marina, y, por sus gestos y su voz, se adivinaba que venía del océano y que procedía de la tempestad; llevaba el huracán a la batalla. A excepción del genio, había en Cournet algo de Danton, como, a excepción de la divinidad, había en Danton algo de Hércules.

Barthélemy, flaco, endeble, pálido, taciturno, era una especie de pilluelo trágico que, habiendo recibido una bofetada de un gendarme, le había acechado, le había matado, y a los diecisiete años fue enviado a galeras. Salió e hizo esta barricada.

Más tarde, por una fatal circunstancia, en Londres, proscrito por todos, Barthélemy dio muerte a Cournet. Fue un duelo funesto.

Algún tiempo después, atrapado en el engranaje de una de esas misteriosas aventuras en las que la pasión desempeña un papel, una catástrofe en la que la justicia francesa ve circunstancias atenuantes y en la que la justicia inglesa solo ve la muerte, Barthélemy fue ahorcado.

La sombriza construcción social está hecha de tal modo que, gracias a la indigencia material, gracias a la oscuridad moral, aquel ser desdichado que poseía una inteligencia, ciertamente firme, tal vez grande, comenzó en Francia con las galeras y terminó en Inglaterra con la horca.

Barthélemy, en ocasiones, enarbolaba una sola bandera, la bandera negra.

1817