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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro III. El abuelo y el nieto

compasión y su bondad, le hubiera permitido a su padre seguir entre los vivos, cómo habría corrido, cómo se habría precipitado, cómo le habría gritado a su padre: «¡Padre! ¡Aquí estoy! ¡Soy yo! ¡Tengo el mismo corazón que tú! ¡Soy tu hijo!». ¡Cómo habría abrazado aquella cabeza blanca, bañado sus cabellos en lágrimas, contemplado su cicatriz, apretado sus manos, adorado sus vestiduras, besado sus pies! Oh, ¿por qué había muerto su padre tan pronto, antes de tiempo, antes de que le llegaran la justicia y el amor de su hijo? Mario tenía un sollozo continuo en el corazón, que le decía a cada momento: «¡Ay!». Al mismo tiempo, se iba volviendo más verdaderamente serio, más verdaderamente grave, más seguro de su pensamiento y de su fe. A cada instante, destellos de la verdad venían a completar su razón. Un crecimiento interior parecía estar operándose en él. Tenía conciencia de una especie de ensanchamiento natural, que le otorgaba dos cosas nuevas para él: su padre y su patria.

Así como todo se abre cuando se tiene una llave, así se explicó a sí mismo aquello que había odiado, penetró aquello que había aborrecido; de ahí en adelante percibió claramente el sentido providencial, divino y humano de las grandes cosas que le habían enseñado a detestar, y de los grandes hombres a quienes le habían instruido para maldecir.

Cuando reflexionaba sobre sus anteriores opiniones, que no eran sino las de ayer, y que, sin embargo, le parecían ya tan sumamente antiguas, se indignaba, pero sonreía.

De la rehabilitación de su padre pasó naturalmente a la rehabilitación de Napoleón.

Pero esto último, lo confesaremos, no se logró sin trabajo.

Desde su infancia, había estado imbuido de los juicios del partido de 1814 sobre Bonaparte. Ahora bien, todos los prejuicios de la Restauración, todos sus intereses, todos sus instintos tendían a desfigurar a Napoleón. Lo aborrecía aún más que a Robespierre. Había sabido sacar muy hábilmente partido del cansancio de la nación y del odio de las

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