CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Les MisérablesPublic
Página 499 de 2247
Table of Contents

I. Con lo que uno tropieza en el camino desde Nivelles

Un sargento de la Guardia inglesa, el mejor boxeador de Inglaterra, tenido por invulnerable por sus compañeros, había sido muerto allí por un pequeño tamborilero francés. Baring había sido desalojado; Alten, pasado a cuchillo.

Muchas banderas se habían perdido, una de la división de Alten y otra del batallón de Lunenburgo, portada por un príncipe de la casa de Deux-Ponts.

Los grises escoceses ya no existían; los grandes dragones de Ponsonby habían sido despedazados. Aquella valiente caballería se había doblado bajo los lanceros de Bro y bajo los coraceros de Travers; de mil doscientos caballos, quedaban seiscientos; de tres tenientes coroneles, dos yacían en el suelo: Hamilton herido, Mater muerto.

Ponsonby había caído, acribillado por siete lanzazos. Gordon estaba muerto. Marsh estaba muerto. Dos divisiones, la quinta y la sexta, habían sido aniquiladas.

Herido Hougomont, tomada La Haie-Sainte, ya no existía más que un solo punto de reunión: el centro. Ese punto seguía resistiendo firme. Wellington lo reforzó. Llamó allí a Hill, que estaba en Merle-Braine; llamó a Chassé, que estaba en Braine-l’Alleud.

El centro del ejército inglés, bastante cóncavo, muy denso y muy compacto, estaba sólidamente apostado. Ocupaba la meseta de Mont-Saint-Jean, teniendo el pueblo a su espalda y, enfrente, la pendiente, que entonces era bastante escarpada. Se apoyaba en aquella sólida mansión de piedra que pertenecía en aquella época al dominio de Nivelles y que marca la intersección de los caminos: un caserón del siglo XVI, tan robusto que las balas de cañón rebotaban en él sin dañarlo. Por toda la meseta, los ingléses habían cortado los setos aquí y allá, abierto troneras en los espinos, metido el cuello de un cañón entre dos

499