Pasó un mes, luego otro. Marius seguía con Courfeyrac. Había sabido por un joven licenciado en derecho, parroquiano habitual de los tribunales, que Thénardier se hallaba en rigurosa reclusión. Todos los lunes, Marius hacía entregar cinco francos en la secretaría del presidio de La Force para Thénardier.
Como Marius ya no tenía dinero, le pidió prestados los cinco francos a Courfeyrac. Era la primera vez en su vida que pedía dinero prestado.
Estos cinco francos periódicos eran un doble acertijo para Courfeyrac, que los prestaba, y para Thénardier, que los recibía.
«¿A quién irán a parar?», pensaba Courfeyrac. «¿De dónde me vendrá esto?», se preguntaba Thénardier.
Además, Marius tenía el corazón destrozado. Todo se había precipitado de nuevo a través de una trampilla. Ya no veía nada ante su vida; esta