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nydus/Les MisérablesPublic
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I. Noventa años y treinta y dos dientes

su nombre, fuera decente o indecente, y no se contenía lo más lo mínimo ante las damas. Pronunciaba dichos groseros, obscenidades y bajezas con cierta tranquilidad y falta de asombro que resultaba elegante. Estaba en consonancia con la informalidad de su siglo. Debe señalarse que la época de la perífrasis en verso fue la época de las crudezas en prosa. Su padrino le había augurado que llegaría a ser un genio, y le había otorgado estos dos nombres significativos:

IV

Un aspirante centenario

Había ganado premios en su infancia en el Colegio de Moulins, donde nació, y había sido coronado por la mano del duque de Nivernais, a quien llamaba el duque de Nevers.

Ni la Convención, ni la muerte de Luis XVI, ni el Imperio, ni el regreso de los Borbones, ni ninguna otra cosa habían logrado borrar el recuerdo de aquella coronación.

El duque de Nevers era, ante sus ojos, la gran figura del siglo.

«Qué gran señor tan encantador —decía—, ¡y qué prestancia tenía con su banda azul!»

A los ojos del señor Gillenormand, Catalina Segunda había expiado el crimen del reparto de Polonia comprándole a Bestujov, por tres mil rublos, el secreto del elixir de oro. Se entusiasmaba con este tema:

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