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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro IX. Sombra Suprema, Alba Suprema

Era, lo repito, el 6 de junio; debían de ser las ocho de la tarde. El hombre oye un ruido en la cloaca. Muy sorprendido, se esconde y se queda al acecho. Era el ruido de unos pasos; alguien caminaba en la oscuridad y avanzaba en su dirección. Por extraño que parezca, había otro hombre en la cloaca además de él. La reja de la desembocadura de la cloaca no estaba muy lejos. Una ligera luz que caía a través de ella le permitió reconocer al recién llegado y ver que el hombre llevaba algo a la espalda. Caminaba encorvado. El hombre que caminaba encorvado era un ex presididiario, y lo que arrastraba sobre sus hombros era un cadáver. Un asesinato cogido in fraganti, si es que alguna vez lo ha habido. En cuanto al robo, se sobreentiende; a un hombre no se le mata gratis. Este presidiario iba a tirar el cuerpo al río. Hay que señalar un hecho: que antes de llegar a la reja de salida, este presidiario, que había venido desde muy lejos por la cloaca, debió de tropezar necesariamente con un atolladero espantoso donde parecía que podría haber dejado el cuerpo, pero los cloaceros habrían encontrado al hombre asesinado al día siguiente, mientras trabajaban en el atolladero, y eso no convenía a los planes del asesino. Había preferido cruzar aquel atolladero con su carga, y sus esfuerzos debieron de ser terribles, pues es imposible arriesgar la vida de manera más completa; no comprendo cómo pudo salir vivo de aquello”.

La silla de Marius se acercó aún más. Thénardier aprovechó esto para respirar hondo. Prosiguió:

—Monsieur le Baron, una cloaca no es el Campo de Marte. Allí falta de todo, hasta espacio. Cuando hay dos hombres, tienen que encontrarse. Eso fue lo que pasó. El hombre domiciliado allí y el transeúnte se vieron obligados a saludarse, muy a pesar de ambos. El transeúnte le dijo al habitante: «Ya ve lo que llevo a la espalda, tengo que salir, usted tiene la

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