Gracias a sus ramificaciones, y a la red subyacente a sus relaciones, Babet, Gueulemer, Claquesous y Montparnasse estaban encargados de la empresa general de las emboscadas del departamento del Sena.
Los inventores de ideas de esa naturaleza, hombres de imaginaciones nocturnas, se dirigían a ellos para hacer ejecutar sus ideas. Suministraban el lienzo a los cuatro bribones, y estos últimos emprendían la preparación de la tramoya. Trabajaban en el montaje de la escena.
Siempre estaban en condiciones de prestar una fuerza proporcionada y adecuada a todos los crímenes que exigían un empujón de hombro y que eran suficientemente lucrativos. Cuando un crimen andaba en busca de brazos, subarrendaban a sus cómplices. Mantenían una compañía de actores de las sombras a disposición de todas las tragedias subterráneas.
Tenían la costumbre de reunirse al caer la noche, la hora en que se despertaban, en las llanuras contiguas a la Salpêtrière. Allí celebraban sus conferencias. Tenían doce horas negras por delante; regulaban sus ocupaciones en consecuencia.
Patron-Minette —tal era el nombre que se le daba en la circulación subterránea a la asociación de estos cuatro hombres. En el lenguaje fantástico, antiguo y popular, que va desapareciendo día a día, Patron-Minette significa la mañana, del mismo modo que entre chien et loup —entre perro y lobo— significa la noche. Esta denominación, Patron-Minette, procedía probablemente de la hora en que terminaba su labor, siendo el alba el momento de la desaparición de los fantasmas y de la disolución de los rufianes. Estos cuatro hombres eran conocidos bajo este título. Cuando el presidente de lo criminal visitó a Lacenaire en su prisión y le interrogó acerca de una fechoría que Lacenaire negaba: «¿Quién la hizo?», le inquirió el presidente. Lacenaire dio esta respuesta, enigmática para el magistrado, pero clara para la policía: «Quizá haya sido Patron-Minette».