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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro V. El descenso

Londres a través de París y a París por mediación de Pont-à-Mousson, envejecen como aburridos, nunca trabajan, no sirven para nada y no

M. Félix Tholomyès, de haber permanecido en su propia provincia y no haber visto jamás París, habría sido uno de estos hombres.

Si fueran más ricos, se diría: «Son unos dandies»; si fueran más pobres, se diría: «Son unos vagos». Son simplemente hombres sin empleo. Entre estos desempleados hay pesados, aburridos, soñadores y algunos granujas.

En aquel entonces un petimetre se componía de un cuello alto, una gran corbata, un reloj con dijes, tres chalecos de diferentes colores puestos uno encima del otro —el rojo y el azul por dentro—; de una levita color oliva de talle corto, con faldones en cola de bacalao, una doble hilera de botones de plata juntos que subían hasta el hombro; y un pantalón de un tono más claro de oliva, adornado en ambas costuras por un número indefinido, pero siempre impar, de líneas, que variaban de una a once —límite que nunca se excedía—. Añádanse a esto zapatos altos con pequeños hierros en los tacones, un sombrero alto de ala estrecha, el cabello llevado en un mechón, un bastón enorme y una conversación salpicada de juegos de palabras de Potier. Por encima de todo, espuelas y bigote. En aquella época el bigote indicaba al burgués, y las espuelas al peatón.

El dandy provinciano llevaba las espuelas más largas y los bigotes más fieros.

Era el período del conflicto de las repúblicas de América del Sur con el Rey de España, de Bolívar contra Morillo. Los sombreros de ala angosta eran realistas, y se llamaban morillos; los liberales usaban sombreros de ala ancha, que se llamaban bolívares.

Ocho o diez meses, pues, después de lo que se relata en las páginas precedentes, hacia el primero de enero de 1823, en una tarde nevada, uno

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