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nydus/Les MisérablesPublic
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I. Con lo que uno tropieza en el camino desde Nivelles

que se volvía a cada descarga de metralla y trataba de esconderse detrás de Napoleón: > «¡Tonto, es vergonzoso! Te van a matar de un balazo en la

El que escribe estas líneas ha encontrado él mismo, en la tierra deleznable de este cerrito, al remover la arena, los restos del gollete de una bomba, desintegrado por la oxidación de cuarenta y seis años, y viejos fragmentos de hierro que se quebraban como ramitas de saúco entre los dedos.

Todo el mundo sabe que las ondulaciones de inclinación variable de la llanura donde se libró el combate entre Napoleón y Wellington ya no son lo que eran el 18 de junio de 1815.

Al quitarle a este lúgubre campo lo necesario para levantarle un monumento, se le ha despojado de su relieve verdadero y la historia, desconcertada, ya no se orienta en él. Se lo ha desfigurado en aras de su propia gloria.

Wellington, al contemplar Waterloo de nuevo dos años más tarde, exclamó: «¡Me han cambiado el campo de batalla!».

Donde hoy se alza la gran pirámide de tierra coronada por el león, había un monículo que descendía en suave pendiente hacia el camino de Nivelles, pero que era casi un escarpe del lado de la carretera de Genappe.

La elevación de este escarpe todavía puede medirse por la altura de los dos montículos de los dos grandes sepulcros que encierran el camino de Genappe a Bruselas:

  • uno, la tumba inglesa, está a la izquierda;
  • el otro, la tumba alemana, está a la derecha.

No hay tumba francesa. Toda esa llanura es un sepulcro para Francia.

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