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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La Caribdis del arrabal San Antonio y la Escila

Aquella pequeña y gran alma había emprendido el vuelo.

XVI

Cómo de un hermano se pasa a ser un padre

En ese mismo momento, en el jardín de Luxemburgo⁠—porque la mirada del drama debe estar presente en todas partes⁠—, dos niños se tomaban de la mano. Uno tendría unos siete años, el otro cinco. Empapados por la lluvia, caminaban por los senderos del lado del sol; el mayor guiaba al más pequeño; estaban pálidos y andrajosos; tenían el aire de pájaros silvestres. El menor de ellos dijo: «Tengo mucha hambre».

El mayor, que ya hacía un poco de protector, guiaba a su hermano con la mano izquierda y en la derecha llevaba una varita.

Estaban solos en el jardín. El jardín estaba desierto, las puertas habían sido cerradas por orden de la policía, a causa de la insurrección. Las tropas que habían estado acampadas allí se habían marchado debido a las exigencias del combate.

¿Cómo habían llegado aquellos niños hasta allí? Tal vez se habían escapado de algún cuerpo de guardia que hubiese quedado entreabierto; tal vez hubiera en las inmediaciones, en la Barrière d’Enfer, en la Explanada del Observatorio o en la encrucijada vecina —dominada por el frontón en el que se leía: Invenerunt parvulum pannis involutum—, alguna barraca de titiriteros de la que se hubiesen fugado; tal vez la víspera por la tarde se hubiesen burlado de la vigilancia de los inspectores del

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