estupor irracional propio de estos monólogos misteriosos, «este es su prado. Sabré dónde vive ahora».
Era absurdo, pero irresistible.
Y todos los días volvía a aquel prado de la Alondra.
II
Formación embrionaria de crímenes en la incubación de prisiones
El triunfo de Javert en el casucho Gorbeau parecía completo, pero no lo había sido.
En primer lugar, y esto constituía la principal inquietud, Javert no había hecho prisionero al prisionero. El hombre asesinado que huye es más sospechoso que el asesino, y es probable que este personaje, que había sido una presa tan valiosa para los rufianes, no fuera una baza menos excelente para las autoridades.
Y luego, Montparnasse se había escapado de Javert.
Había que aguardar otra oportunidad de echarle mano a aquel «petimetre del diablo». Montparnasse, de hecho, se había encontrado a Éponine cuando ella hacía de centinela bajo los árboles del bulevar, y se la había llevado, prefiriendo hacer de Nemorin con la hija antes que de Schinderhannes con el padre.