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nydus/Les MisérablesPublic
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I. Javert descarriado

Pero entonces, ¿por qué había permitido que aquel hombre lo dejara con vida? Tenía derecho a ser muerto en aquella barricada. Debía haber hecho valer ese derecho. Hubiera sido mejor llamar en su socorro a los otros insurgentes contra Jean Valjean, hacerse fusilar por la fuerza.

Su angustia suprema era la pérdida de la certeza. Sentía que lo habían arrancado de raíz. El código ya no era más que un tocón en su mano. Tenía que vérselas con escrúpulos de una especie desconocida.

Se había operado en su interior una revelación sentimental enteramente distinta de la afirmación legal, hasta entonces su única regla de medida. Permanecer en su antigua rectitud no bastaba. Toda una serie de hechos inesperados había surgido y lo había subyugado.

Todo un mundo nuevo amanecía en su alma:

  • la bondad aceptada y pagada,
  • la devoción,
  • la clemencia,
  • la indulgencia,
  • las violencias cometidas por la piedad sobre la austeridad,
  • el respeto a las personas,
  • no más condena definitiva,
  • no más convicción,
  • la posibilidad de una lágrima en el ojo de la ley,
  • no se sabe qué justicia según Dios, corriendo en sentido inverso a la justicia según los hombres.

Percibía en medio de las sombras el terrible ascenso de un sol moral desconocido; eso lo horrorizaba y lo deslumbraba. Un búho forzado a la mirada de un águila.

Se dijo a sí mismo que era verdad que había casos excepcionales, que la autoridad podía perder la compostura, que la regla podía resultar

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