y cuando se los veía pasar a lo lejos, subiendo por alguna carretera hacia el horizonte, se parecía a los insectos que se llaman, creo, termitas, los cuales, aunque con un coselete muy pequeño, arrastran tras de sí una gran cola. Pero avanzaban a gran velocidad. El coche postal que salía de Arras a la una de todas las noches, tras haber pasado el correo de París, llegaba a Montreuil-sur-Mer un poco antes de las cinco de la mañana.
Aqu aquella noche el carro que descendía hacia Montreuil-sur-Mer por el camino de Hesdin, chocó en la esquina de una calle, al entrar en la ciudad, con un pequeño pescante enganchado a un caballo blanco, que iba en dirección contraria y en el cual no iba más que una persona, un hombre envuelto en una capa.