El intestino del leviatán
I
La tierra empobrecida por el mar
París arroja veinticinco millones al año al agua. Y esto sin metáfora.
¿Cómo, y de qué manera? Día y noche.
¿Con qué fin? Con ningún fin.
¿Con qué intención? Con ninguna intención.
¿Por qué? Por ninguna razón.
¿Por medio de qué órgano? Por medio de su intestino.
¿Cuál es su intestino? El alcantarillado.
Veinticinco millones es la cifra aproximada más moderada que las estimaciones de la ciencia especializada han establecido al respecto.
La ciencia, tras haber andado mucho a tientas, sabe hoy que el más fecundante y eficaz de los abonos es el estiércol humano. Los chinos, digámoslo en descrédito nuestro, lo sabían antes que nosotros. No hay campesino chino —es Eckberg quien lo afirma— que vaya a la ciudad sin regresar, en los dos extremos de su balancín de