palabra fillette, pronunciada casi de la misma manera por el tío abuelo y por el sobrino nieto—. Y continuó:—
—Haznos un favor. Sigue un poco a Marius. Él no te conoce, será fácil. Ya que hay una muchacha, procura verla. Debes escribirnos la historia. Divertirá a su abuelo.
Théodule no tenía un gusto excesivo por esta clase de espionaje; pero los diez luises lo conmovieron mucho, y creyó ver la oportunidad de una posible continuación. Aceptó el encargo y dijo: —Como quieras, tía.
Y añadió en un aparte, para sí: «Aquí me tiene hecho una dueña».
Mademoiselle Gillenormand lo abrazó.
—Tú no eres hombre para hacer tales travesuras, Théodule. Obedeces la disciplina, eres esclavo de las órdenes, eres un hombre de escrúpulos y del deber, y no abandonarías a tu familia para ir a ver a una criatura.
El lancero puso la mueca de satisfacción de Cartouche cuando le alaban la probidad.
Marius, en la noche siguiente a este diálogo, subió a la diligencia sin sospechar que lo vigilaban.
En cuanto al vigilante, lo primero que hizo fue quedarse dormido. Su sopor fue completo y concienzudo. Argos roncó durante toda la noche.
Al amanecer, el conductor de la diligencia gritó: «¡Vernon! ¡Relevo de Vernon! ¡Viajeros con destino a Vernon!». Y el teniente Théodule se despertó.
—Bueno —gruñó, todavía medio dormido—, aquí es donde me bajo.
Luego, al aclararse su memoria poco a poco, efecto del despertar, recordó a su tía, los diez luises y la cuenta que se había comprometido a rendir de