—Enviará sesenta pistolas cada seis meses a ese bebedor de sangre, y jamás volverá a mencionarme su nombre.
Having an immense reserve fund of wrath to get rid of, and not knowing what to do with it, he continued to address his daughter as “you” instead of “thou” for the next three months.
Marius, por su parte, había salido lleno de indignación. Había una circunstancia que, es preciso admitirlo, agravaba su exasperación. Siempre se dan fatalidades mezquinas de este tipo que complican los dramas domésticos. Aumentan los agravios en tales casos, aunque, en realidad, los agravios no aumenten por ello.
Mientras llevaba apresuradamente los «trastos» de Marius a su habitación, por orden de su abuelo, Nicolette había dejado caer inadvertidamente, probablemente en la escalera de la buhardilla, que estaba oscura, aquel medallón de chagrín negro que contenía el escrito redactado por el coronel. No fue posible encontrar después ni el papel ni el estuche.
Marius estaba convencido de que «el señor Gillenormand» —a partir de aquel día no volvió a aludir a él de otro modo— había arrojado «el testamento de su padre» al fuego. Sabía de memoria las pocas líneas que el coronel había escrito y, por consiguiente, nada se había perdido. Pero el papel, la escritura, aquella reliquia sagrada, todo aquello era su propio corazón. ¿Qué se había hecho con ello?
Marius had taken his departure without saying whither he was going, and without knowing where, with thirty francs, his watch, and a few clothes in a handbag. He had entered a hackney-coach, had engaged it by the hour, and had directed his course at haphazard towards the Latin quarter.
¿Qué iba a ser de Marius?