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nydus/Les MisérablesPublic
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I. El séptimo círculo y el octavo cielo

amantes. Marius, ciego, había seguido el camino que habría elegido de haber tenido la vista perfectamente clara. El amor le había vendado los ojos ¿para conducirlo adónde? Al paraíso.

Pero este paraíso se vio desde entonces complicado con un acompañamiento infernal.

El antiguo distanciamiento de Marius hacia este hombre, hacia aquel Fauchelevent que se había convertido en Jean Valjean, se mezclaba ahora con horror.

En este horror, digámoslo, había cierta piedad, e incluso una cierta sorpresa.

Este ladrón, este ladrón reincidente, había restituido aquel depósito. ¡Y qué depósito! Seiscientos mil francos.

Él solo estaba en el secreto de aquel depósito. Pudo habérselo quedado todo, lo había devuelto todo.

Además, él mismo había revelado su situación. Nada lo obligaba a ello. Si alguien supo quién era, fue por su propio medio. En esta confesión había algo más que la aceptación de una humillación, había la aceptación del peligro. Para un condenado, una máscara no es una máscara, es un refugio. Un nombre falso es una seguridad, y él había rechazado ese nombre falso. Él, el presidiario, podría haberse ocultado para siempre en una familia honrada; había resistido a esa tentación. ¿Y con qué motivo? Por un escrúpulo de conciencia. Él mismo lo explicaba con los acentos irresistibles de la verdad. En suma, fuera quien fuese este Jean Valjean, era, indudablemente, una conciencia que se despertaba. Existía alguna misteriosa rehabilitación que había comenzado; y, al parecer, los escrúpulos dominaban desde hacía ya mucho tiempo a este hombre.

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