Un instante después había desaparecido.
No entró en la posada.
Cuando la diligencia partió hacia Lagny pocos minutos después, no lo encontró en la calle principal de Chelles.
El cochero se volvió hacia los viajeros del interior.
—Ahí —dijoÉl—, hay un hombre que no es de aquí, pues no lo conozco. No tenía trazas de poseer un céntimo, pero no hace aprecio del dinero; paga hasta Lagny y solo llega hasta Chelles. Es de noche; todas las casas están cerradas; no entra en la posada y no se le encuentra. Así que se ha metido bajo tierra.
El hombre no se había hundido en la tierra, sino que había avanzado a grandes zancadas por la oscuridad, bajando por la calle principal de Chelles, y luego había doblado a la derecha antes de llegar a la iglesia, tomando el atajo que conducía a Montfermeil, como alguien que conocía el lugar y había estado allí antes.
Siguió esta carretera rápidamente. En el lugar donde es cortada por el antiguo camino bordeado de árboles que va de Gagny a Lagny, oyó gente que se acercaba.
Se ocultó precipitadamente en una zanja y allí esperó hasta que los transeúntes estuvieron lejos. La precaución era casi superfina, sin embargo; pues, como ya hemos dicho, era una noche de diciembre muy oscura. No se veían más de dos o tres estrellas en el cielo.
Es en este punto donde comienza la ascensión de la colina. El hombre no regresó a la carretera de Montfermeil; atravesó los campos hacia la derecha y se adentró en el bosque a grandes zancadas.
Una vez en el bosque moderó el paso y comenzó a examinar cuidadosamente todos los árboles, avanzando paso a paso, como si