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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La cuestión del agua en Montfermeil

Todo lo que comprendía era que dejaba atrás el mesón de los Thénardier. A nadie se le había ocurrido despedirse de ella, ni a ella se le había ocurrido despedirse de nadie. Abandonaba aquella casa odiada y odiante.

Pobre y tierno ser, cuyo corazón había estado reprimido hasta aquel momento.

Cosette caminaba gravemente, con los grandes ojos muy abiertos, mirando al cielo. Se había guardado el luis en el bolsillo de su nuevo delantal. De vez en cuando se inclinaba y lo miraba; luego miraba al buen hombre. Sentía algo así como si estuviera al lado del buen Dios.

X

El que procura mejorarse puede empeorar su situación

Madame Thénardier había dejado hacer a su marido a su manera, según su costumbre. Había esperado grandes resultados. Cuando el hombre y Cosette se hubieron marchado, Thénardier dejó pasar un cuarto de hora entero; luego la llevó a un lado y le mostró los mil quinientos francos.

—¿Eso es todo? —dijo ella.

Era la primera vez desde que habían establecido su hogar que ella se atrevía a criticar uno de los actos del amo.

El golpe surtió efecto.

—Tienes razón, a la verdad —dijo—; soy un tonto. Dame mi sombrero.

Dobló los tres billetes de banco, se los metió en el bolsillo y salió corriendo a toda prisa; pero se equivocó y tiró primero hacia la derecha.

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