en su honor.
En casa de Madame de T. la sociedad era distinguida, el gusto exquisito y altivo, bajo la apariencia de una gran muestra de educación.
Las maneras admitían en ella toda suerte de refinamientos involuntarios que eran el antiguo régimen mismo, sepultado pero aún vivo.
Algunos de estos hábitos, especialmente en materia de lenguaje, parecían excéntricos. Personas apenas familiarizadas con ellos habrían tomado por provinciano lo que no era sino antiguo.
- A una mujer se la llamaba Madame la Générale.
- Madame la Colonelle no había caído del todo en desuso.
La encantadora Madame de Léon, en recuerdo, sin duda, de las duquesas de Longueville y de Chevreuse, prefería esta denominación a su título de Princesse. A la marquesa de Créquy también se la llamaba Madame la Colonelle.