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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La casa con secreto

“¡Qué hermosa es! ¿Qué va a ser de

Allí, por lo demás, residía la diferencia entre su ternura y la de una madre. Lo que él contemplaba con angustia, una madre lo habría mirado con alegría.

Los primeros síntomas no tardaron en hacer su aparición.

Al día siguiente de aquel en que se había dicho a sí misma: «¡Decidido, soy hermosa!», Cosette empezó a prestar atención a su arreglo personal. Recordó la observación de aquel transeúnte: «Bonita, pero mal vestida», el soplo de un oráculo que había pasado junto a ella y se había desvanecido, tras depositar en su corazón uno de los dos gérmenes destinados a llenar más tarde toda la vida de la mujer: la coquetería. El amor es el otro.

Con fe en su hermosura, toda el alma femenina se dilató en ella. Concebía horror por sus merinos y vergüenza de su sombrero de felpa. Su padre nunca le había negado nada.

Adquirió de golpe toda la ciencia del sombrero, del vestido, de la mantilla, de la bota, del puño, de la tela que está de moda, del color que favorece, esa ciencia que hace de la parisina algo tan encantador, tan profundo y tan peligroso.

Las palabras «mujer fulgurante» fueron inventadas para la parisina.

En menos de un mes, la pequeña Cosette, en aquella Tebaida de la calle de Babilonia, no solo era una de las mujeres más bonitas, sino una de las «mejor vestidas» de París, lo cual significa muchísimo más.

Le habría gustado encontrarse con su «transeúnte», ver qué le diría y «darle su merecido».

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