muchachito de siete años, blanco, sonrosado, fresco, de ojos alegres y confiados, que nunca aparecía en aquel salón sin oír que las voces murmuraban a su alrededor: «¡Qué hermoso es! ¡Qué lástima! ¡Pobre niño!». Este niño era aquel de quien dejamos caer una palabra hace un momento. Lo llamaban «pobre niño» porque tenía por padre a «un bandido del Loira».
Este bandido del Loira era el yerno del señor Gillenormand, a quien ya se ha mencionado y a quien el señor Gillenormand llamaba «la desgracia de su familia».
II
Uno de los espectros rojos de aquella época
Cualquiera que hubiera pasado por casualidad por el pueblecito de Vernon en esta época, y que hubiera tenido la ocurrencia de cruzar ese