propia existencia por esa chispa miserable!». ¡Y su existencia la arriesgó no una, sino veinte veces! Y cada paso era un peligro. La prueba de ello es que, al salir de la alcantarilla, fue arrestado. ¿Sabe usted, señor, que ese hombre hizo todo esto? Y no tenía ninguna recompensa que esperar. ¿Qué era yo? Un insurgente. ¿Qué era yo? Un vencido. ¡Oh! Si los seiscientos mil francos de Cosette fueran míos. …
—Son suyos —interrumpió Jean Valjean.
—Bien —prosiguió Marius—, los daría todos por volver a encontrar a ese hombre.
Jean Valjean permaneció en silencio.