misterioso punto de intersección de la sociedad regular con la sociedad maldita.
El ladrón también tiene su carne de cañón, materia robable, tú, yo, quienquiera que pase; le pantre. (Pan, todo el mundo.)
El argot es el lenguaje vuelto presidiario.
Que el principio pensante del hombre sea hundido jamás tan abajo, que pueda ser arrastrado e inmovilizado allí por oscuras tiranías de la fatalidad, que pueda ser atado por sabe Dios qué grilletes en ese abismo, es suficiente para crear consternación.
¡Oh, pobre pensamiento de miserables infelices!
¡Ay! ¿No vendrá nadie en auxilio del alma humana en esa oscuridad?
¿Es su destino aguardar allí por siempre a la inteligencia, la liberadora, el inmenso jinete de Pegasos y grifos, el combatiente de los héroes del alba que descenderá del azul entre dos alas, el radiante caballero del porvenir?
¿Llamará por siempre en vano en su auxilio a la lanza de luz del ideal?
¿Está condenada a oír la espantosa aproximación del Mal a través de la densidad del abismo, y a divisar, cada vez más cerca, bajo el hiedoso agua de esa cabeza de dragón, de esas fauces surcadas de espuma, y de esa ondulación retorcida de garras, bultos y anillos?
¿Debe permanecer allí, sin un destello de luz, sin esperanza, entregada a esa terrible aproximación, vagamente olfateada por el monstruo, estremeciéndose, desgreñada, retorciéndose las manos, encadenada por siempre a la roca de la noche, una sombría Andrómeda blanca y desnuda en medio de las sombras!