VII
Gavroche como un profundo calculador de distancias
Marius cumplió su promesa. Depositó un beso en aquella frente lívida, donde las gotas de sudor helado formaban perlas.
Esto no era ninguna infidelidad a Cosette; era un tierno y melancólico adiós a un alma desdichada.
No sin cierto temblor había tomado la carta que Éponine le había entregado. Había sentido inmediatamente que era un acontecimiento de peso. Tenía impaciencia por leerla.
El corazón del hombre está constituido de tal manera que la desdichada niña apenas hubo cerrado los ojos cuando Marius comenzó a pensar en desplegar este papel.
La