enfadosa repetición. Un siglo es el plagio del otro. La batalla de Marengo copia la batalla de Pidna; el Tolbiac de Clodoveo y el Austerlitz de Napoleón se parecen tanto como dos gotas de agua. No le doy mucha importancia a la victoria. Nada es tan estúpido como vencer; la verdadera gloria radica en convencer. ¡Pero intenten probar algo! Si se contentan con el éxito, qué mediocridad, y con vencer, qué miseria. Ay, vanidad y cobardía por doquier. Todo obedece al éxito, incluso la gramática. Si volet usus, dice Horacio. Por lo tanto, desdeño a la raza humana. ¿Vamos a descender acaso al partido? ¿Desean que empiece a admirar a los pueblos? ¿A qué pueblo, por favor? ¿A Grecia? Los atenienses, esos parisinos de antaño, mataron a Foción, como quien dice a Coligny, y adularon a los tiranos hasta tal punto que Anacéforo dijo de Pisístrato: “Su orina atrae a las abejas”. El hombre más prominente de Grecia durante cincuenta años fue aquel gramático Filetas, que era tan pequeño y tan flaco que se veía obligado a lastrarse los zapatos con plomo para que el viento no se lo llevara. Había en la gran plaza de Corinto una estatua esculpida por Silanión y catalogada por Plinio; esta estatua representaba a Epístates. ¿Qué hizo Epístates? Inventó una zancadilla. Eso resume a Grecia y a la gloria. Pasemos a otros. ¿A miraré a Inglaterra? ¿A miraré a Francia? ¿Francia? ¿Por qué? ¿A causa de París? Les acabo de decir mi opinión sobre Atenas. ¿Inglaterra? ¿Por qué? ¿A causa de Londres? Odio a Cartago. Y además, Londres, la metrópoli del lujo, es el cuartel general de la miseria. Hay cien muertes al año por hambre solo en la parroquia de Charing-Cross. Tal es Albión. Añado, como colofón, que he visto a una inglesa bailando con una corona de rosas y gafas azules. ¡A la mierda entonces con Inglaterra! Si no admiro a John Bull, ¿admiraré al hermano Jonathan? Tengo muy poco gusto por ese hermano esclavista. Quiten ‘El tiempo es oro’, ¿qué queda de Inglaterra? Quiten ‘El algodón es rey’, ¿qué queda de América? Alemania es la linfa, Italia es la bilis. ¿Vamos a extasiarnos con Rusia? Voltaire la admiraba. También admiraba a China. Admito que Rusia tiene sus bellezas, entre otras, un rotundo despotismo; pero compadezco a los déspotas. Su salud es delicada. Un Alejo decapitado,
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Libro IV. Los Amigos de la A.B.C.
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