Fameuil idólatraba a Zéphine, abreviatura de Joséphine; Tholomyès tenía a Fantine, llamada la Rubia, a causa de sus hermosos cabellos radiantes de sol.
Favorite, Dahlia, Zéphine y Fantine eran cuatro jovencitas arrebatadoras, perfumadas y radiantes, todavía un tanto obreras y no del todo desvinculadas de la aguja; un tanto turbadas por intrigas, pero conservando aún en el rostro algo de la serenidad del trabajo, y en el alma esa flor de honestidad que sobrevive a la primera caída en la mujer.
Una de las cuatro se llamaba La Joven, porque era la menor de todas, y otra se llamaba La Vieja; la vieja tenía veintitrés años.
Para no ocultar nada, las tres primeras eran más experimentadas, más atolondradas y más emancipadas en el bullicio de la vida que Fantine la Rubia, quien aún vivía en sus primeras ilusiones.
Dahlia, Zéphine y, sobre todo, Favorite, no habrían podido decir otro tanto. Su romance, aunque apenas comenzado, ya contaba con más de un episodio; y el galán que llevaba el nombre de Adolfo en el primer capítulo se había convertido en Alfonso en el segundo, y en Gustavo en el tercero.
La miseria y la coquetería son dos consejeras funestas; la una regaña y la otra alaga, y las hermosas hijas del pueblo las tienen a ambas susurrándoles al oído, cada una por su lado. Esas almas mal guardadas escuchan. De ahí las caídas que sufren y las piedras que se les arrojan.
Se las abruma con el esplendor de todo lo inmaculado e inaccesible. ¡Ay! ¿Y si la Jungfrau tuviera hambre?
Favorite, por haber estado en Inglaterra, era admirada por Dahlia y Zéphine. Había tenido una casa propia muy temprano en su vida. Su padre era un viejo profesor de matemáticas soltero, un hombre brutal y fanfarrón, que salía a dar lecciones a pesar de su edad. Este profesor,