II
Un doble cuarteto
Estos parisinos venían, el uno de Toulouse, el otro de Limoges, el tercero de Cahors, y el cuarto de Montauban; pero eran estudiantes; y cuando se dice estudiante, se dice parisino: estudiar en París es nacer en París.
Estos jóvenes eran insignificantes; todo el mundo ha visto rostros semejantes; cuatro especímenes de la humanidad tomados al azar; ni buenos ni malos, ni sabios ni ignorantes, ni genios ni tontos; apuestos, con ese encanto de abril que se llama los veinte años.
Eran cuatro Óscares; pues, en aquella época, los Arturo todavía no existían.
«¡Quema para él los perfumes de Arabia!», exclamaba la novela rosa. «Óscar avanza. ¡Óscar, le contemplaré!»
La gente acababa de salir de Ossian; la elegancia era escandinava y caledonia; el estilo puramente inglés solo iba a imperar más tarde, y el primero de los Arturo, Wellington, acababa apenas de ganar la batalla de Waterloo.
Estos oscars llevaban los nombres, el de uno, de Félix Tholomyès, de Toulouse; el segundo, Listolier, de Cahors; el siguiente, Fameuil, de Limoges; el último, Blachevelle, de Montauban. Naturalmente, cada uno de ellos tenía su querida. Blachevelle amaba a Favorite, llamada así porque había estado en Inglaterra; Listolier adoraba a Dahlia, que había tomado por apodo el nombre de una flor;