Enero, Vendimiario sobre Pradial, 1848 sobre 1830. La situación merecía la pena y esta barricada era digna de figurar en el mismo lugar de donde había desaparecido la Bastilla. Si el océano hiciera diques, así es como los construiría. La furia del diluvio estaba grabada en esta masa informe. ¿Qué diluvio? La muchedumbre. Se creía estar contemplando el tumulto petrificado. Se creía estar oyendo un zumbido sobre esta barricada como si hubiera habido, por encima de su colmena, abejas enormes y oscuras de un progreso violento. ¿Era un matorral? ¿Era una bacanal? ¿Era una fortaleza? El vértigo parecía haberla construido a golpes de ala. Había algo de cloaca en ese reducto y algo olímpico en esa confusión. Se veía allí, en un batiburrillo lleno de desesperación, vigas de tejados, trozos de buhardillas con su papel pintado, marcos de ventanas con sus vidrios clavados allí en los escombros esperando el cañón, restos de chimeneas, armarios, mesas, bancos, un desbarajuste aullador, y esas mil cosas menesterosas, el mismísimo desecho del mendigo, que encierran a la vez furia y nada. Habría podido decirse que eran los harapos de un pueblo, jirones de madera, de hierro, de bronce, de piedra, y que el Faubourg Saint-Antoine los había arrojado allí a su puerta, con un colosal golpe de escoba, haciendo de su miseria su barricada. Bloques semejantes a los del verdugo, cadenas dislocadas, trozos de carpintería con ménsulas en forma de horcas, ruedas horizontales que sobresalían de entre los escombros, amalgamaban con este edificio de la anarquía la sombría figura de las viejas torturas sufridas por el pueblo. La barricada Saint-Antoine convertía todo en arma; todo lo que la guerra civil podía arrojar a la cabeza de la sociedad procedía de allí; no era combate, era un paroxismo; las carabinas que defendían este reducto, entre las cuales había algunos trabucos, lanzaban pedazos de loza, huesos, botones de abrigo, e incluso las roldanas de las mesillas de noche, proyectiles peligrosos debido al latón.
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I. La Caribdis del arrabal San Antonio y la Escila
1812