Abadicar con el objeto de reinar parece ser el artificio del monaquismo.
En el claustro, se sufre para disfrutar. Se libra una letra de cambio sobre la muerte. Se descuenta en la penumbra terrenal la luz celestial. En el claustro, el infierno se acepta de antemano como un post obitum sobre el paraíso.
La toma del velo o del hábito es un suicidio pagado con la eternidad.
No nos parece que sobre un tema así la burla sea admisible. Todo en él es serio, lo bueno tanto como lo malo.
El justo frunce el ceño, pero jamás sonríe con una mueca maliciosa.
Comprendemos la ira, pero no la malicia.
VIII
Fe, Ley
Unas palabras más.
Culpamos a la iglesia cuando está saturada de intrigas, despreciamos lo espiritual cuando es duro con lo temporal; pero en todas partes honramos al hombre reflexivo.
Saludamos al hombre que se arrodilla.
Una fe; esto es una necesidad para el hombre. ¡Ay de aquel que no cree en nada!
Uno no está desocupado por estar absorto.
Hay una labor visible y una labor invisible.
Contemplar es trabajar, pensar es actuar.