muy bien que el pueblo no es más que el pueblo, después de todo; se burlan de ella, de vuestra república, ¿lo entiendes, imbécil? ¿No es un capricho horrible? Enamorarse del Père Duchesne, poner ojos de cordero degollado a la guillotina, cantar romances y tocar la guitarra bajo el balcón del 93: ¡basta para que a uno le den ganas de escupir sobre todos estos jóvenes, tan necios que son! Son todos iguales. No se salva ni uno. Les basta con respirar el aire que sopla por la calle para perder la cabeza. El siglo XIX es un veneno. El primer bribón que pasa se deja crecer la barba como la de un chivo, se cree un auténtico granuja y abandona a sus viejos parientes. Es republicano, es romántico. ¿Qué significa eso, romántico? Hacedme el favor de decirme qué es. Todas las locuras posibles. Hace un año corrían a ver Hernani. Ahora bien, ¡os lo pregunto yo, Hernani! ¡Antítesis! ¡Abominaciones que ni siquiera están escritas en francés! Y luego, tienen cañones en el patio del Louvre. ¡Tales son las bellaquerías de este siglo!
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Libro V, I. Marius Indigent
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