“¡Ah!”
Luego dio una pirueta sobre sus talones; un momento después, la anciana, que se había quedado en el umbral, lo oyó cantar con su voz clara y juvenil, mientras se adentraba bajo los olmos negros, en el viento invernal:—
El rey Pataperro Se iba de cacería, A cazar cuervos, Montado en dos zancos. Cuando alguien pasaba por debajo, Le pagaba dos cuartos.