Un viento frío soplaba desde la llanura. El bosque estaba oscuro, ni una hoja se movía; no quedaba ninguno de los vagos y frescos destellos del estío. Grandes ramas se alzaban de manera espantosa.
Esbeltos y deformes arbustos silbaban en los claros. Las altas hierbas ondulaban como anguilas bajo el viento del norte. Las ortigas parecían torcer largos brazos provistos de garras en busca de presa.
Algunos jirones de brezo seco, zarandeados por la brisa, volaban con rapidez y daban la impresión de huir aterrorizados ante algo que venía detrás. Por todas partes se extendían parajes lúgubres.
La oscuridad era desconcertante. El hombre necesita la luz. Quien se entierra en lo opuesto al día siente que su corazón se contrae. Cuando el ojo ve negro, el corazón ve problemas. En un eclipse en la noche, en la opacidad tiznada, hay ansiedad incluso para los más valientes de los corazones. Nadie camina solo por el bosque de noche sin temblar. Sombras y árboles: dos densidades formidables. Una realidad quimérica aparece en las profundidades indistintas. Lo inconcebible se perfila a unos pocos pasos de uno con una claridad espectral. Se contempla flotando, ya sea en el espacio o en el propio cerebro, una cosa vaga e intangible que no se sabe qué es, como los sueños de las flores dormidas. Hay actitudes feroces en el horizonte. Uno inhala los efluvios del gran vacío negro. Uno teme mirar detrás de sí, mas desea hacerlo. Las cavidades de la noche, cosas vueltas demacradas, perfiles taciturnos que se desvanecen cuando uno avanza, desgreños oscuros, matas irritadas, charcos lívidos, lo lúgubre reflejado en lo fúnebre, la inmensidad sepulcral del silencio, seres desconocidos pero posibles, dobleces de ramas misteriosas, torsos alarmantes de árboles, largos puñados de plantas estremecidas—contra todo esto no se tiene protección. No hay audacia que no se estremezca y que no sienta la proximidad de la angustia. Uno es consciente de algo hidiondo, como si la propia alma se estuviera amalgamando con la oscuridad. Esta penetración de las sombras es indescriptiblemente siniestra en el caso de un niño.