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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro IV. Los Amigos de la A.B.C.

donde más vino, en Constantinopla donde más café, en París donde más absenta; ahí están todas las nociones útiles. París se lleva la palma, en suma. En París, hasta los traperos son sibaritas; a Diógenes le habría encantado ser trapero de la plaza Maubert antes que filósofo en el Pireo. Entérense de esto además: los figones de los traperos se llaman bibines; los más célebres son la Cacerola y El Matadero. Así pues, merenderos, goguettes, caboulots, bouibuis, mastroquets, bastringues, manezingues, bibines de los traperos, caravasares de los califas, se los certifico, soy un voluptuoso, como en casa de Richard a cuarenta sueldos el cubierto, ¡necesito alfombras persas para envolver desnuda a Cleopatra! ¿Dónde está Cleopatra? Ah. Así que eres tú, Louison. Buenos días.”

Así fue como Grantaire, más que ebrio, se lanzó a hablar, agarrando al pasar a la fregaplatos, desde su rincón en la sala trasera del Café Musain.

Bossuet, alargando la mano hacia él, intentó imponerle silencio, y Grantaire volvió a empezar peor que nunca:⁠—

“Águila de Meaux, baja las patas. No produces en mí ningún efecto con tu gesto de Hipócrates rechazando las chucherías de Artajerjes. Te eximo

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