fondo del salóngrandioso y apareció una figura alta y pálida.
Este era el abuelo.
La revuelta había, durante los dos días anteriores, agitado, indignado y absorbido profundamente la mente del señor Gillenormand. No había podido dormir la noche anterior y había estado con fiebre todo el día.
Por la noche, se había acostado muy temprano, recomendando que todo en la casa estuviera bien trancado, y había caído en una especie de sopor debido al puro cansancio.
Los viejos duermen con el sueño ligero; la alcoba de M. Gillenormand lindaba con el salón, y a pesar de todas las precauciones que se habían tomado, el ruido lo había despertado. Sorprendido por la rendija de luz que veía bajo su puerta, se había levantado de la cama y había llegado hasta allí a tientas.
Se quedó asombrado en el umbral, con una mano en el picaporte de la puerta medio abierta, la cabeza un poco inclinada hacia adelante y temblorosa, el cuerpo envuelto en una bata blanca, recta y tan desprovista de pliegues como una mortaja; y tenía el aire de un fantasma que contempla el interior de una tumba.
Vio la cama, y sobre el colchón aquel joven, sangrante, blanco con una blancura cerúlea, con los ojos cerrados y la boca abierta, y los labios pálidos, desnudo hasta la cintura, tajeado por todas partes con heridas carmesí, inmóvil y brillantemente iluminado.
The grandfather trembled from head to foot as powerfully as ossified limbs can tremble, his eyes, whose corneae were yellow on account of his great age, were veiled in a sort of vitreous glitter, his whole face assumed in an instant the earthy angles of a skull, his arms fell pendent, as though a spring had broken, and his amazement was betrayed by the