Luis Felipe será clasificado entre los hombres eminentes de su siglo, y figuraría entre los gobernantes más ilustres de la historia de haber amado un poco la gloria, y de haber tenido el sentimiento de lo grande en el mismo grado que el sentimiento de lo útil.
Luis Felipe había sido apuesto, y en su vejez conservaba la gracia; no siempre aprobado por la nación, lo fue siempre por las masas; gustaba. Poseía el don de encantar. Carecía de majestad; no llevaba corona, aunque era rey, ni cabellos blancos, aunque era anciano; sus modales pertenecían al antiguo régimen y sus hábitos al nuevo; una mezcla de noble y burgués que convenía a 1830; Luis Felipe era la transición reinando; había conservado la antigua pronunciación y la antigua ortografía que ponía al servicio de opiniones modernas; amaba a Polonia y a Hungría, pero escribía les Polonois, y pronunciaba les Hongrais. Llevaba el uniforme de la guardia nacional, como Carlos X, y la cinta de la Legión de Honor, como Napoleón.
Iba un poco