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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro VII. Jerga

Además de los orígenes filológicos recién indicados, el argot posee otras raíces, aún más naturales, que brotan, por decirlo así, de la mente misma del hombre.

En primer lugar, la creación directa de palabras. En ella radica el misterio de las lenguas. Pintar con palabras, que contienen figuras que uno no sabe cómo ni por qué, es el cimiento primitivo de todas las lenguas humanas, lo que puede llamarse su granito.

Abunda el argot en palabras de esta descripción, palabras inmediatas, palabras creadas instantáneamente nadie sabe ni dónde ni por quién, sin etimología, sin analogías, sin derivados, palabras solitarias, bárbaras, a veces horribles, que poseen en ocasiones una singular fuerza de expresión y que están vivas.

  • El verdugo, le taule;
  • el bosque, le sabri;
  • el miedo, la huida, taf;
  • el lacayo, le larbin;
  • el mineral, el prefecto, el ministro, pharos;
  • el diablo, le rabouin.

Nada hay más extraño que estas palabras que a la vez encubren y revelan. Algunas, le rabouin, por ejemplo, son a la vez grotescas y terribles, y producen en uno el efecto de una mueca ciclópea.

En segundo lugar, la metáfora. Lo peculiar de un lenguaje que desea decirlo todo y a la vez ocultarlo todo es que abunda en figuras. La metáfora es un enigma, en el que se refugian el ladrón que trama un golpe y el preso que prepara una fuga. Ningún idioma es más metafórico que la jerga: * dévisser le coco (desatornillar el coco), torcer el cuello; * tortiller

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