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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La casa con secreto

Cosette apenas conservaba un recuerdo confuso de su infancia. Rezaba mañana y tarde por su madre, a quien nunca había conocido. Los Thénardier habían quedado en su memoria como dos figuras espantosas de un sueño.

Recordaba que había ido «un día, de noche», a buscar agua a un bosque. Le parecía que aquello había quedado muy lejos de París. Le daba la impresión de que había empezado a vivir en un abismo y de que había sido Jean Valjean quien la había sacado de él.

Su infancia le producía el efecto de una época en la que no había habido a su alrededor más que ciempiés, arañas y serpientes. Cuando meditaba por la noche, antes de dormirse, como no tenía una idea muy clara de que fuera hija de Jean Valjean y de que él era su padre, se imaginaba que el alma de su madre se había transvasado a aquel buen hombre y había venido a vivir junto a ella.

Cuando él estuvo sentado, ella apoyó la mejilla contra su cabello blanco y dejó caer una lágrima silenciosa, diciéndose a sí misma:

«Quizá este hombre sea mi madre».

Cosette, aunque resulte una extraña afirmación, en la profunda ignorancia de una muchacha educada en un convento⁠—siendo además la maternidad absolutamente ininteligible para la virginidad⁠—, había terminado por imaginarse que había tenido tan poca madre como era posible. Ni siquiera sabía el nombre de su madre. Cada vez que se lo preguntaba a Jean Valjean, Jean Valjean guardaba silencio. Si ella repetía su pregunta, él respondía con una sonrisa. Una vez insistió; la sonrisa terminó en una lágrima.

Este silencio por parte de Jean Valjean sumió a Fantine en la oscuridad.

¿Fue prudencia? ¿Fue respeto? ¿Fue el temor de confiar este nombre a los azares de otra memoria que no fuera la suya?

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