Es un punto de fuego que existe en nuestro interior, que es inmortal e infinito, que nada puede encerrar y que nada puede extinguir. Lo sentimos arder hasta en la médula misma de los huesos, y lo vemos brillar en las profundidades mismas del cielo.
¡Oh Amor! ¡Adoraciones! ¡Voluptuosidad de dos almas que se comprenden, de dos corazones que se entregan el uno al otro, de dos miradas que se penetran!
Vendrás a mí, ¿no es así, dicha!, ¡paseos de a dos por las soledades! ¡Días benditos y radiantes!
He soñado a veces que, de vez en cuando, las horas se desprendían de la vida de los ángeles y venían aquí abajo para atravesar los destinos de los hombres.
Dios no puede añadir nada a la felicidad de los que aman, excepto darles una duración interminable.
Después de una vida de amor, una eternidad de amor es, de hecho, un aumento; pero aumentar en intensidad incluso la inefable felicidad que el amor concede al alma aun en este mundo, es imposible, incluso para Dios.
Dios es la plenitud del cielo; el amor es la plenitud del hombre.
Miráis una estrella por dos razones, porque es luminosa y porque es impenetrable.
Tenéis a vuestro lado un resplandor más dulce y un mayor misterio, mujer.
Todos nosotros, seamos quienes seamos, tenemos nuestros seres respirables. Nos falta el aire y nos ahogamos. Luego morimos. Morir por falta de amor es horrible. Sofocación del alma.