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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro séptimo. El asunto Champmathieu

«Ni siquiera necesito pruebas circunstanciales ni presunciones morales para desmentir la negativa del preso. Lo reconozco perfectamente. El nombre de este hombre no es Champmathieu; es un expresidiario llamado Jean Valjean, muy pernicioso y sumamente temible. Su liberación al término de su condena se produjo con extremo pesar por nuestra parte. Sufrió diecinueve años de trabajos forzados por robo. Hizo cinco o seis tentativas de fuga. Además del robo a Petit-Gervais y al huerto de Pierron, lo sospecho autor de un robo cometido en casa de monseñor el difunto obispo de Digna. Lo vi con frecuencia en la época en que yo era ayudante de la guardia de presidiarios en el penal de Tolón. Repito que lo reconozco

Esta declaración extremadamente precisa pareció producir una impresión viva en el público y en el jurado. El fiscal concluyó insistiendo en que, a falta de Javert, los tres testigos Brevet, Chenildieu y Cochepaille fueran escuchados una vez más e interrogados solemnemente.

El Presidente transmitió la orden a un ujier, y, un momento después, se abrió la puerta de la sala de testigos.

El ujier, acompañado de un gendarme dispuesto a prestarle auxilio armado, introdujo al reo Brevet.

El público estaba en suspense; y todos los pechos se henchían como si no contuvieran más que una sola alma.

El expresidiario Brevet vestía el chaleco negro y gris de las prisiones centrales. Brevet era un individuo de unos sesenta años, que tenía cierta cara de hombre de negocios y aspecto de bribón. Ambas cosas a veces van de la mano.

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