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nydus/Les MisérablesPublic
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Book VI. The Sleepless Night

mucho que grite, cuando Venus aparece se ve obligado a sonreír. Esa bestia bruta se somete. Todos estamos hechos así. Ira, tempestad, truenos, espuma hasta el techo. Una mujer entra en escena, un planeta se alza; ¡boca abajo! Marius luchaba hace seis meses; hoy está casado. Está bien. Sí, Marius, sí, Cosette, tenéis razón. Existid audazmente el uno para el otro, hacednos reventar de rabia por no poder hacer lo mismo, idealizaos, atrapad en vuestros picos todas las briznas de felicidad que existen en la tierra y preparaos un nido para la vida. ¡Pardiez, amar, ser amado, qué hermoso milagro cuando se es joven! No os imaginéis que habéis inventado eso. Yo también he tenido mi sueño, yo también he meditado, yo también he suspirado; yo también he tenido un alma a la luz de la luna. El amor es un niño de seis mil años. El amor tiene derecho a una larga barba blanca. Matusalén es un pilluelo al lado de Cupido. Durante sesenta siglos hombres y mujeres han salido del paso amándose. El diablo, que es astuto, se dedicó a odiar al hombre; el hombre, que es aún más astuto, se dedicó a amar a la mujer. De este modo hace más bien de lo que el diablo le hace mal. Este oficio se descubrió en los días del paraíso terrestre. El invento es viejo, amigos míos, pero es perfectamente nuevo. Aprobechadlo. Sed Dafnis y Cloe, mientras esperáis convertiros en Filemón y Baucis. Haced de modo que, cuando estéis el uno con el otro, no os falte nada, y que Cosette sea el sol para Marius, y que Marius sea el universo para Cosette. Cosette, que tu buen tiempo sea la sonrisa de tu esposo; Marius, que tu lluvia sean las lágrimas de tu esposa. Y que jamás llueva en vuestro hogar. Habéis pescado el número ganador en la lotería; habéis ganado el gran premio, guardadlo bien, tenedlo bajo llave, no lo dilapidéis, adoraos el uno al otro y burlaos de todo lo demás. Creed lo que os digo. Es el buen sentido. Y el buen sentido no puede mentir. Sed una religión el uno para el otro. Cada hombre tiene su propia manera de adorar a Dios. ¡Cáspita! la mejor manera de adorar a Dios es amar a la propia esposa. «¡Te amo!», ese es mi catecismo. Quien ama es ortodoxo. El juramento de Enrique IV sitúa la santidad en algún lugar entre los banquetes y la borrachera. ¡Vientre de san Gris! Yo no

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