Mi hija jugará en el jardín. Ya debe de saberse las letras. La pondré a deletrear. Correrá por la hierba detrás de las mariposas. Yo la miraré. Luego hará su primera comunión. ¡Ah!, ¿cuándo hará su primera
Empezó a contar con los dedos.
“Uno, dos, tres, cuatro—tiene siete años. Dentro de cinco años llevará un velo blanco y medias caladas; parecerá una mujercita. ¡Oh, hermana mía, no sabes cuán tonto me pongo cuando pienso en la primera comunión de mi hija!”
Empezó a reír.
Él había soltado la mano de Fantine. Escuchaba sus palabras como se escucha el susurro de la brisa, con los ojos en el suelo, la mente absorta en una reflexión que no tenía fondo. De repente ella dejó de hablar, y esto le hizo levantar la cabeza mecánicamente. Fantine se había vuelto terrible.
She no longer spoke, she no longer breathed; she had raised herself to a sitting posture, her thin shoulder emerged from her chemise; her face, which had been radiant but a moment before, was ghastly, and she seemed to have fixed her eyes, rendered large with terror, on something alarming at the other extremity of the room.
—¡Dios mío! —exclamó—; ¿qué le pasa, Fantine?
No respondió; no apartó los ojos del objeto que parecía ver.
Retiró una mano de su brazo y con la otra le hizo una seña para que mirara detrás de él.
Se volvió y vio a Javert.