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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro séptimo. El asunto Champmathieu

línea que acabamos de leer, añadiendo: «El caballero desea presenciar el juicio», el Presidente, con un movimiento rápido y deferente, tomó una pluma y escribió unas pocas palabras al pie del papel y se lo devolvió al ujier, diciendo: «Admitidlo».

El desgraciado hombre cuya historia estamos relatando había permanecido cerca de la puerta de la sala, en el mismo lugar y con la misma actitud en que el ujier lo había dejado.

En medio de su ensoñación oyó que alguien le decía: «¿Hará el favor el señor de seguirme?».

Era el mismo ujier que le había vuelto la espalda hacía apenas un momento, y que ahora se inclinaba hasta el suelo ante él. Al mismo tiempo, el ujier le entregó el papel. Él lo desdobló y, como casualmente estaba cerca de la luz, pudo leerlo.

“El Presidente del Tribunal de lo Criminal presenta sus respetos a M. Madeleine”.

Arugó el papel en su mano como si aquellas palabras contuvieran para él un extraño y amargo retrogusto.

Siguió al acomodador.

Unos minutos más tarde se encontró solo en una especie de gabinete de boiserie de aspecto severo, iluminado por dos velas de cera colocadas sobre una mesa con tapete verde. Las últimas palabras del ujier que acababa de dejarlo aún resonaban en sus oídos: > «Señor, ahora se encuentra en la sala del consejo; no tiene más que girar el picaporte de cobre de esa puerta y se hallará en la sala de audiencias, detrás del sillón del

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