¿Seguiremos alzando los ojos al cielo? ¿Es el punto luminoso que distinguimos allí uno de aquellos que se desvanecen?
Lo ideal es espantoso de contemplar, así perdido en las profundidades, pequeño, aislado, imperceptible, brillante, pero rodeado por esas grandes y negras amenazas, amontonadas monstruosamente a su alrededor; sin embargo, no corre más peligro que una estrella en las fauces de las nubes.