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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro VIII. Los cementerios se quedan con lo que se les confía

aquella multa»; * con el convento, el cual, pudiendo retener gracias a él el ataúd de la madre Crucifixión bajo el altar, eludió al César y satisfizo a Dios. Había un ataúd con un cadáver en el Petit-Picpus y un ataúd sin cadáver en el cementerio de Vaugirard; sin duda, el orden público se había visto profundamente alterado por ello, pero nadie

En cuanto al convento, su gratitud hacia Fauchelevent fue muy grande. Fauchelevent se convirtió en el mejor de los servidores y en el más preciado de los jardineros. Con motivo de la siguiente visita del arzobispo, la priora le relató el asunto a Su Señoría, haciendo a la vez algo así como una confesión y, sin embargo, vanagloriándose de su acción. Al salir del convento, el arzobispo lo mencionó con aprobación y en voz baja a monseñor de Latil, confesor de Monsieur, y más tarde arzobispo de Reims y cardenal. Esta admiración por Fauchelevent se extendió ampliamente, pues llegó hasta Roma. Hemos visto una nota dirigida por el Papa reinante entonces, León XII, a uno de sus parientes, un monseñor de la nunciatura en París que llevaba, como él, el apellido Della Genga; contenía estas líneas: «Parece que hay en un convento de París un excelente jardinero, que es además un hombre santo, llamado Fauvent». Nada de este triunfo llegó a la choza de Fauchelevent; él seguía injertando, desyerbando y cubriendo sus bancales de melones, sin sospechar en lo más mínimo sus excelencias y su santidad. Tampoco sospechaba su gloria, ni más ni menos que un toro de Durham o de Surrey cuyo retrato se publica en el London Illustrated News, con esta inscripción: Toro que se llevó el premio en la Exposición de Ganado.

IX

Claustrado

Cosette siguió sin abrir la boca en el convento.

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