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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro VIII

de ataques de asfixia. Le viene de la edad y, además, tiene alterado el sistema nervioso. ¡Ella debería tener asistencia, y mi hija también! ¡Pero el médico! ¡Pero el boticario! ¿Cómo voy a pagarles? ¡Me arrojaría de rodillas por un céntimo, señor! Tal es el estado al que se han reducido las artes. Y sabe usted, encantadora señorita, y usted, mi generoso protector, sabe usted, usted que exhala virtud y bondad, y que perfuma esa iglesia donde mi hija la ve todos los días cuando dice sus oraciones—, porque he criado a mis hijos religiosamente, señor. No quería que se metieran en el teatro. ¡Ah, las pícaras! ¡Si las cojo en un renuncio! ¡No bromeo, vaya que no! ¡Les leo la cartilla sobre el honor, sobre la moral, sobre la virtud! ¡Pregúnteles! Tienen que marchar derechas. Ellas no son de esas infelices que empiezan por no tener familia y acaban por desposarse con el público. Una es la señorita Nadie, y se convierte en la señora Todos. ¡Demonios! ¡Nada de eso en la familia Fabantou! ¡Tengo la intención de criarlas virtuosamente, y serán honradas, y agradables, y creerán en Dios,

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