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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro VII. Jerga

del interior si no sabe cómo, llegado el caso, ser también el historiador del exterior. La historia de las costumbres y de las ideas penetra en la historia de los acontecimientos, y esto es recíprocamente verdad. Constituyen dos órdenes de hechos diferentes que se corresponden, que están siempre entrelazados y que a menudo producen resultados. Todos los lineamientos que la providencia traza en la superficie de una nación tienen sus paralelos, sombríos pero distintos, en sus profundidades, y todas las convulsiones de las profundidades producen ebulliciones en la superficie. Siendo la verdadera historia una mezcla de todas las cosas, el verdadero historiador se mezcla en todo.

El hombre no es un círculo con un solo centro; es una elipse con un doble foco. Los hechos forman uno de estos, y las ideas el otro.

El argot no es otra cosa que un vestuario donde la lengua, teniendo alguna mala acción que cometer, se disfraza.

Ahí se viste con máscaras de palabras, con harapos de metáfora. Con este atuendo se vuelve horrible.

Cuesta trabajo reconocerla. ¿Es verdaderamente la lengua francesa, la gran lengua humana?

He aquí que se dispone a saltar a escena y a replicar al crimen, y se halla lista para todos los menesteres del repertorio del mal. Ya no camina, cojea; anda renqueante con la muleta de la Corte de los Milagros, muleta metamorfoseable en garrote; se llama vagancia; todo género de espectros, sus vestidores, le han pintado el rostro, se arrastra y se endereza, la doble marcha del reptil.

En adelante, se presta a todos los papeles, el falsificador la vuelve sospechosa, el falsario la cubre de verdín, el incendiario la ennegrece con hollín; y el asesino le aplica el colorete.

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