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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro XII

mejor expresadas por la Rue Pirouette, que desembocaba en la Rue Mondétour.

El transeúnte que se extraviaba desde la calle Saint-Denis hacia la calle de la Chanvrerie veía cómo esta se iba estrechando gradualmente ante él como si hubiera entrado en un embudo alargado. Al final de esta calle, que era muy corta, encontraba el paso cortado hacia las Halles por una hilera alta de casas, y se habría creído en una callejón sin salida de no haber percibido a la derecha y a la izquierda dos brechas oscuras por las cuales podía escapar. Era la calle Mondétour, que por un lado desembocaba en la calle de Prêcheurs, y por el otro en la calle del Cygne y en la de la Petite-Truanderie. Al fondo de esta especie de callejón sin salida, en el ángulo de la brecha de la derecha, se veía una casa menos alta que las demás, que formaba una especie de cabo en la calle. Es en esta casa, de solo dos plantas, donde una ilustre taberna se había instalado alegremente trescientos años antes. Esta taberna producía un ruido alegre en el mismo lugar que el viejo Teófilo describía en los siguientes versos:⁠—

Là branle le squelette horrible D’un pauvre amant qui se pendit.

La situación era buena, y los taberneros se sucedían allí, de padres a hijos.

En tiempos de Mathurin Régnier, este cabaret se llamaba el Pot-aux-Roses y, como entonces estaban de moda los jeroglíficos, tenía por enseña un poste (poteau) pintado de color de rosa. En el siglo pasado, el digno Natoire, uno de esos maestros fantasiosos hoy despreciados por la escuela rígida, tras haberse emborrachado muchas veces en esta taberna en la misma mesa donde Régnier había apurado sus frascos, había pintado, a guisa de gratitud, un racimo de uvas de Corinto en el poste rosado. El mesonero, en su alegría, había cambiado de divisa y hecho poner en letras doradas debajo del racimo estas palabras: «Au Raisin de Corinthe». De ahí el

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