había señalado en una ocasión como un noctámbulo muy peligroso. El lector ha sabido el nombre de este hombre en el libro precedente. Este Panchaud, alias Printanier, alias Bigrenaille, figuró más tarde en muchos procesos criminales y se convirtió en un bribón célebre. Por entonces era solo un bribón famoso. Hoy en día existe en calidad de leyenda entre los rufianes y los asesinos. Estaba a la cabeza de una escuela hacia finales del último reinado. Y por la tarde, al anochecer, a la hora en que se forman grupitos y se habla en voz baja, se le mencionaba en La Force, en la Fosse-aux-Lions. Incluso se podía leer en aquella prisión, exactamente en el punto donde la cloaca por la que tuvo lugar la insólita fuga, a plena luz del día, de treinta prisioneros en 1843 pasa bajo la alcantarilla, su nombre, Panchaud, esculpido audazmente por su propia mano en el muro de la cloaca durante uno de sus intentos de huida. En 1832, la policía ya le tenía echado el ojo, pero todavía no había dado un golpe serio.
XI
Ofertas de servicio de la Miseria a la Desdicha
Marius subió las escaleras del tugurio con pasos lentos; en el momento en que iba a volver a entrar en su celda, avistó a la mayor de las hermanas Jondrette que lo seguía por el pasillo. La sola vista de esta chica le era odiosa; era ella quien tenía sus cinco francos, ya era demasiado tarde para reclamárselos, el coche ya no estaba, el fiacre se encontraba lejos. Además, no se los habría devuelto.